domingo, 24 de mayo de 2009

LUDWIG VAN BEETHOVEN

http://www.youtube.com/watch?v=O6txOvK-mAk
CLARO DE LUNA
Siempre el amor está presente en nuestras vidas. Beethoven se inspiró en esta bella sonata dedicada a la condesa Giullieta Guicciardi.
Mi abuela que era pianista se sentaba y tocaba esta pieza horas enteras y yo me quedaba a su lado disfrutando estas melodías que articulaba con sus dedos tan mágicos. Recuerdo una oportunidad y creo que la última en que mis abuelos tocaron juntos cada uno con sus instrumentos. Él, un alemán alto de 1,82 parado al costado del piano con su violín y ella, Coraní, acariciando el teclado mientras se estremecía entre los minuettos y arpegios. Por los ojos celestes y nublados de Arturo corrían lágrimas. Ese único y especial momento fué tan maravilloso que los vecinos se acercaron a escucharlos. Terminaron ejecutando polkas, tangos y bailando, esa fué la última función. Al poco tiempo mi abuelo decayó con su salud hasta que falleció.
Beethoven tenía un lugar preferencial en el comedor de mi abuela, un óleo frente a la puerta de acceso que yo evitaba observar porque parecía que ese hombre de mirada tan dura en cualquier momento saltaría de su marco para correrme.
Todas las tardes nos sentábamos en el gran patio de su casa y ella me relataba historias de los músicos, pero claro, al ser tan chica, ni sabía qué cara tenían ni dónde quedaba Prusia o Francia.
Coraní, que asi se llamaba mi abuela, pocos años después que falleció su esposo tuvo un derrame cerebral y todas las tardes iba a cuidarla, le leía, conversaba, hacía mis tareas. Debía hablarle como a una criatura hasta que medianamente se recuperó. Una tardecita de invierno, ella miraba el techo y se enjugaba lágrimas. Confieso que mi corazón se estrujó, le pregunté qué le sucedía, y me balbuceó: _ "El piano..."
Despacio la levanté, la senté frente a su querido instrumento, ayudé a cada uno de sus dedos a recorrer el teclado. Entre altos y bajos le entoné "Claro de Luna" y algo mágico sucedió, comenzó a tocar como si no hubiese pasado el tiempo, tocó, tocó hasta que finalmente cayó extenuada sobre el piano llorando de emoción. No se si fué el milagro del amor o de Beethoven ya que una vez me contaron que mi abuelo se enamoró de ella cuando pasaba por la vereda de su casa y la escuchó tocar esta sonata.
Creo que mi abuelo desde otro plano le dió fuerzas a ella para que ejecutara una vez más "Claro de Luna" y revivir el momento en que Cupido y Ludwig, años atrás, les atravesaran un arco y una corchea en el corazón para amarse eternamente.
Indiana